El ministro del Interior francés, Laurent Nuñez, anunció medidas de contención tras los disturbios que sacudieron el país. Las protestas, que se saldaron con más de 2.500 arrestos y 1.000 agentes heridos, provocaron daños en más de 2.000 comercios. Nuñez reconoció una pérdida de control de la policía en algunas ciudades.

El presidente Emmanuel Macron rechazó la renuncia de Nuñez y le pidió desplegar nuevas medidas de seguridad lo antes posible. Macron exigió mayor despliegue policial y responsabilizó a los servicios de inteligencia por la intensidad de las protestas. Los disturbios alcanzaron su máxima intensidad el fin de semana, con alrededor de 60.000 agentes movilizados.

El gobierno enfrenta críticas por no anticipar medidas contra los disturbios. Los saqueadores se jactaron en redes sociales mientras Nuñez admitía la pérdida de control. Las pérdidas económicas se estiman en cientos de millones de euros. Macron señaló a los "grupúsculos de la ultraizquierda" como responsables de los actos violentos.

Los disturbios, que comenzaron como protestas contra medidas económicas, se intensificaron en semanas recientes. Las autoridades enfrentan la difícil tarea de restablecer el orden sin exacerbar la tensión social. La situación sigue en evolución, con llamados a la calma y a la aplicación de nuevas estrategias de seguridad.