El gobierno costarricense confirmó oficialmente la ruptura de relaciones diplomáticas con Cuba, anunciada en marzo tras el cierre de su embajada en La Habana y la retirada del personal diplomático. Esta decisión, tomada por el presidente Carlos Alvarado, se enmarca en una postura más crítica hacia el régimen cubano, que ha sido cuestionado por su modelo político y su relación con Estados Unidos. El canciller Manuel Tovar Rivera reafirmó la ruptura durante una ceremonia en Miami, donde recibió un premio, destacando la necesidad de una postura más independiente en asuntos internacionales.
Cuba rechazó la decisión, calificándola como un acto de subordinación a la política estadounidense. El Ministerio de Relaciones Exteriores cubano señaló que las declaraciones de Costa Rica reflejan una influencia externa en sus decisiones. Aunque el gobierno costarricense justifica su postura como una corrección de una alianza pasada, la ruptura ha generado tensiones en la región, con críticas sobre la pérdida de un aliado tradicional en América Latina.
La decisión también se enmarca en una estrategia para fortalecer alianzas con otros países del continente y participar en foros internacionales. Sin embargo, la comunidad internacional observa con atención cómo esta ruptura podría afectar las relaciones bilaterales y la estabilidad en la región. Mientras Cuba busca mantener su independencia, Costa Rica busca redefinir su rol en el escenario político latinoamericano.



























