Donald Trump afirmó el martes que permitir que Irán atacara ciudades como Los Ángeles o San Diego sería un "pequeño precio" para garantizar la seguridad de Estados Unidos. Durante un mitin en Nebraska, el presidente estadounidense hizo esta declaración, lo que generó reacciones en California y entre republicanos. La Casa Blanca aclaró que Trump no invitaba a Irán a atacar Estados Unidos, pero las palabras del mandatario han sido interpretadas como una amenaza indirecta.

Las declaraciones de Trump se produjeron en un contexto de tensión internacional, tras la muerte del líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jameneí, a manos de una ofensiva estadounidense e israelí el 28 de febrero. Trump señaló que "nadie sabe quién demonios está al mando del país" en Irán, lo que refleja su desconfianza hacia la estabilidad política en la región.

En paralelo, Trump ha utilizado su discurso para abordar temas domésticos, como la presión electoral antes de las elecciones legislativas. Durante el mismo mitin, el presidente mencionó la posibilidad de suspender el impuesto a la gasolina para aliviar la carga en las familias estadounidenses. Sin embargo, su comentario sobre Irán ha generado más controversia que su propuesta fiscal.

La reacción de autoridades locales y republicanos ha sido crítica. Representantes de California han cuestionado las palabras de Trump, argumentando que su discurso podría exacerbar la tensión con Irán. Aunque la Casa Blanca ha intentado desdibujar la amenaza, las declaraciones continúan siendo un tema de debate en el contexto político interno de Estados Unidos.